La objetividad del quizá

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Relatos de un gato morroñoso en proceso de maduración

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Insólito, tu padre murió y lo lloraste algunos meses, algunos años, y pensaste que te repusiste, pero en ciertos días, en ciertas calles del Centro lo recuerdas, como si fuese ayer, y algunas, sólo algunas veces, lloras, y desprecias a aquellos que te dicen que era bueno, que era bondadoso pues no lo crees, porque te dejó, a tu suerte y en brazos de la soledad y el miedo, la vergüenza y una esperanza tonta, como si, de un momento a otro, él fuera a hacer su aparición, como si fuese a caer en paracaídas en tu patio, es por eso que miras tanto al cielo y guardas una esperanza absurda en cada avión que vuela tu firmamento en las tardes. Sólo así serías feliz otra vez, pero eso nunca ocurrió y pasados muchos años piensas que te vengarás del hombre que lo asesinó. Pero tus males comenzaron cuando, junto a tu madre y abuelo, en presencia de una abogada, escuchaste, por primera y única vez, que tu padre murió cuando no lo merecía, y que su asesino tenía nombre. Lo retuviste, lo pensaste y se hizo tuyo esa noche, después, ya con la complicidad de la madrugada y el sueño, ideaste un plan perfecto. Sí, ser su sirviente y en una noche asesinarías a su hija, pues te enamoraste de ella y no fuiste correspondido y él después apretaría el gatillo y te quitaría la vida, acabando con tu sufrimiento. Lo que no sabías y que te sumió en la más grande de las tristezas (y que nunca te perdonarás) fue que, a la mañana siguiente, olvidaste el nombre del asesino de tu padre, cómo puede ocurrir semejante cosa, acaso ya no es importante, acaso las heridas cerraron, o es tan sólo que puedes vivir así, sin pasiones ni rencores, ¿dónde quedó el homenaje, el amor, los sufrimientos y las vergüenzas?, ¿dónde quedó?, ¿en letras muertas?, o es que tan sólo esperas la edición de tu realismo trágico y olvidaste lo importante de la vida, tu ilógica e inútil vida, y ahora piensas, absurda y tristemente, que de ahí en adelante, todo estará perfecto.Etiquetas: cuento, realismo trágico, terrorismo
***Etiquetas: cuento gay, gladiador
El pingüino mozo nos ofreció una vez más otro trago, con un delicioso movimiento de cabeza te negaste, tus cabellos estaban hermosos en ese movimiento húmedo; la ballena gorda del mostrador estaba furiosa porque ocupábamos la mejor mesa del restaurante náutico, y hacía dos horas que estábamos sentados ahí sin ordenar. Al ver otra vez al mozo venir decidiste bailar conmigo, presurosa cogiste mi mano y sonreíste mientras me observabas y yo me unía -y rendía- cómplice a tu mirada.

Disculpa la vanidad, - No, tú cara de poto.